Edgardo Cozarinsky: en Córdoba después de 40 años
“Escribo para seguir vivo”
El domingo 19 de setiembre, Edgardo Cozarinsky ingresó puntual en la Sala Juan Filloy acompañado por Gustavo Pablos y Emiliano Cativa Tolosa, sus entrevistadores. El evento comenzó unos minutos más tarde de lo previsto porque el camarógrafo del programa televisivo Infrarrojo se demoró en colocar su cámara. El cineasta y escritor llegó acalorado como su numeroso público. Luego de repasarnos con su profunda mirada celeste, tocó el vaso de agua que le correspondía pero, al parecer, su temperatura no lo convenció.
Pablos lo presentó consignando la división de su vida profesional entre el cine y la literatura. Refirió que en la década del ‘60 Cozarinsky empezó a hacer crítica de cine y de literatura; a escribir ensayos, y a incursionar en el cine experimental. A mediados de los ‘70 se fue a Europa y estuvo viviendo en Francia hasta fines de los ‘90. Desde el ‘99 hasta la actualidad se ha dedicado a terminar y publicar sus textos inconclusos: libros de cuentos, novelas, ensayos, crónicas. Ha escrito algunos de los mejores libros de la literatura argentina de la última década. La mayor parte de su obra fílmica fue realizada en Europa.
Al finalizar la presentación, la dinámica del encuentro consistió en una gran entrevista. En la primera parte, las preguntas fueron realizadas por Gustavo Pablos y Emiliano Cativa. En la segunda, por los concurrentes.
Pablos lo interrogó sobre la recurrencia de personajes en desplazamiento en su obra. Antes de contestar, Cozarinsky agradeció al público por estar ahí. Después, como al resto de las preguntas, contestó con lucidez y sinceridad.
Luego, el mismo presentador le preguntó si al vivir tanto tiempo en Europa no tenía miedo de perder su lengua. A lo que Cozarinsky respondió que no, porque nunca pasó ni un día de su vida sin hablar castellano. El francés era el idioma para la vida práctica pero la lengua de los afectos no dejó de ser el castellano. Explica, además, que siempre escribió en castellano. “No se puede cambiar el idioma fácilmente. Yo puedo redactar muy bien en inglés porque fui a una escuela bilingüe, pero lo más fuerte, lo más profundo, lo que sale de adentro, me sale en castellano”, agregó el escritor.
La pregunta de Cativa respecto de los géneros le permitió contar su experiencia sobre el cine documental. Denomina a sus primeros trabajos, falsos documentales, porque nunca creyó que a través una cámara se registrara una realidad, una verdad. Siempre pensó que lo que uno registra con un cámara está influido por el ángulo de la cámara, el punto de vista, la luz, el momento, entre otros factores.
Ante la pregunta sobre la razón de su tardía dedicación a la literatura, confesó que no se tenía confianza como escritor. Cuando se fue a Europa en los ‘70, dejaba las novelas inconclusas porque terminarlas significaba publicar y publicar enfrentarse al público y eso le daba miedo. En el ‘99 empezó a escribir porque estuvo muy enfermo y creyó que se moría. Esos días en el hospital le permitieron darse cuenta de que tenía que hacer lo que más le gustaba. La rutina acallaba la reflexión sobre este tema.
Sobre su última película, explica que no filmar a pedido permite hacerlo con mayor libertad, sin límites de tiempo. “Hacer una película así es como tirar una botella al mar, no es para un público multitudinario, uno no sabe si alguien la va a ir a ver”, comentó Cozarinsky. Para responder a la pregunta que le habían formulado, desarrolló una comparación con un fenómeno de los años ‘70: cuando Girri publicaba un libro de poemas y Silvina Bullrich publicaba una novela no aspiraban a tener la misma cantidad de lectores. Concluyó, “no entiendo por qué el cine tiene que aspirar a un público multitudinario”. Ante esto, él valora poder trabajar con la libertad que da la pobreza.
Ve a la Argentina como un espacio más vital que Europa, a pesar de sus gravísimos problemas económicos y sociales. “Si en París la gente se despertara un día con los problemas que cotidianamente suceden en Buenos Aires, como los apagones, se paralizaría Francia”.
Actualmente, está trabajando en una novela que tiene “el título provisorio y demasiado exigente Ningún amor termina”. Aclaró que el título fue extraído de una cita de María Moreno: “Ningún amor termina, permanece en el lado oscuro de la mente como permanecen los objetos en un cuarto, una vez que apagamos la luz”.
Ante la pregunta sobre su actual proyecto en cine, se disculpó riéndose por no poder hablar de eso porque le daba miedo ya que es muy susperticioso.
Cuando Pablos abrió la instancia de micrófono abierto para que el público pueda preguntar, hubo un momento de silencio, hasta que rompió el hielo un hombre muy formal. Con muchísimo respeto le hizo una pregunta sobre un documental basado en un cuarteto de cuerdas de Beethoven. Cozarinsky se vio obligado a interrumpirlo aduciendo que no le sería posible ya que él no era el autor, pero le agradeció que le atribuyera un trabajo que le había gustado tanto.
Ante la pregunta realizada por un integrante del Grupo LETREROS de porqué escribe, respondió: para seguir vivo.
Finalmente, firmó los libros que la gente le acercaba, con la misma calma y dedicación con las que contestó las numerosas preguntas de la entrevista.

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